¿Recuerdas que tienes un blog? ¿recuerdas las primeras notas de Recuerdos de la Alhambra? ¿recuerdas la belleza de un atardecer de invierno detrás del estadio, visto desde la explanada de la Central? Me di cuenta de que necesito ser rescatada por lo que dejé atrás. Pensar tanto me provoca un dolor agudo en el estomago, ganas de vomitar, y no se trata únicamente de la cuestión sadeana que me tiene un poco atorada entre un mundo atroz y hostil en el que la belleza ya no existe, se trata también de una cuestión de fe. La fe no es algo con lo que se nace, se adquiere y se afina, se encuentra quizá. Mi búsqueda siempre ha sido externa, y he encontrado la fe en múltiples cosas que me han hecho ser feliz por un momento, con toda la felicidad que se puede tener por instantes, sin embargo siempre la pierdo, termino por convencerme de que siempre creo espejismos que me engañan, me sorprenden, me quitan la sed conforme me acerco a ellos, el mero deseo basta para quitarme la sed por un instante; y al alcanzarlos me doy cuenta de que no abrazo más que aire. Je désire un autre monde pour peindre ce monde.
Estoy escuchando No surprises, las guitarras me hacen olvidar el zumbido de la bomba al lado de mi recamara que no me deja dormir, que me provoca taquicardias a las dos de la mañana. Esta noche, de regreso del trabajo, se me volvió a bajar la presión, me dio taquicardia, empecé a sudar frío: o los cigarros que compré me están envenenando, o pensar en que mañana debo levantarme a las seis de la mañana, para trabajar de nueve a tres, comer de tres a cinco, y volver a hundirme en la miseria del mundo de Sade, que no es más que el espejo de la miseria del mundo oculto detrás de la realidad hipócrita que me rodea, hasta las ocho de la noche, llegar a mi casa a las diez, y volver a dormir, con el zumbido del tinaco provocándome taquicardias… quizá solo me hizo falta tomarme las dos pastillitas rojas.
El punto es que creo que de nuevo fui rescatada por las letras, las que soñé mientras dormía en el trayecto de centro médico a pantitlán, las que me inspiraron otras letras, las que me impidieron pensar en el zumbido y en lo miserable de muchas cosas.