Sade


Hoy regresé a la normalidad de la vida que me había resultado muy pero muy tediosa. Ayer dormí muy poco y hoy me desperté a las cinco de la mañana para escribir un rato (ese es uno de mis propósitos de año nuevo), las expectativas del día no eran nada alentadoras pero aún así puse mi mejor cara al saludar y desear feliz año nuevo a la primera persona que me encontré en la puerta del Instituto, lo curioso fue que el día no me fastidió como antes de salir de vacaciones, la normalidad de siempre me llenó la cabeza con las mismas tonterías del trabajo y aún así la esperanza de que esto no durará toda la vida me hizo sonreír mucho.

Por la tarde me enfrenté de nuevo con los libros que había dejado porque me torturaba no poder concentrarme al leerlos, quizá debido a que había comenzado a pensar que simplemente no tenía caso escribir acerca de alguien que no me parece sublime. Sin embargo, mientras releía a Simone de Beauvoir de pronto algo se volvió a encender dentro de mí y la lectura fue emocionándome poco a poco. De esa emoción surgieron tres ideas en particular que me devolvieron la felicidad y el interés en Sade. La primera consiste en que descubrí que las hemorragias de las víctimas de sus novelas son la metáfora del fluir del lenguaje, es decir, el flujo doloroso e imparable de la sangre es el mismo flujo que experimentaba el escritor al momento de escribir, por eso su estilo a veces se asemeja a la escritura inconsciente de los surréalistas. La segunda tiene que ver con la afirmación de Beauvoir de que  la experiencia erótica de los personajes sadeanos no es física, sino mental, sin embargo, creo que lo que le faltó decir la francesa es que precisamente por eso, el lenguaje es la piedra angular del sadismo puesto que sin él no hay erotismo. La tercera, que quizá es la más aventurada es que el de los personajes sádicos es un placer individual y egoísta puesto que se sabe incapaz de ser compartido, ese mismo placer es semejante a la experiencia estética, puesto que ésta es igualmente única e incomunicable. 

Hoy fue un buen día, uno de esos con esperanza.

Llevo dos semanas sin poder escribir, ni leer, ni concentrarme en la tesis. Atribuyó esto a un inesperado cambio en mi rutina diaria de lectura que me hizo perder el camino, sin embargo, empiezo a considerar que también hay un problema con Sade. Debo confesar que su literatura no me parece sublime en lo más mínimo; leer las obras que me encargó mi asesora me resultó pesado y doloroso por varios motivos: en primer lugar por la aburrida repetición de las mismas escenas orgiásticas durante cientos de páginas, en segundo por la violencia enferma ejercida por los personajes, por la exagerada escatología de las perversiones. En definitiva, no es nada placentero pasar tres meses de tu vida al lado de los personajes de este tipo, y debo aclarar que mi asco no proviene de un puritanismo escondido (tendría que estar idiota para ser puritana y hacer mi tesis sobre Sade) no, mi asco proviene de la ligera chispa de realidad que se encuentra en esos escritos repetitivos y carentes de belleza. Encontrar actitudes reales en esas parodias criminales es lo más duro que me ha pasado, descubrir en un texto no la belleza de la vida, sino el horror de ser humano. Todo eso me ha complicado bastante el ánimo, de repente veo partículas sadeanas en las personalidades de la gente que me rodea, en la gente que está en el poder, en mi familia, hay que ser sinceros, esto le da en la madre cualquiera, por lo menos a cualquiera con un corazón de pollo. 

En fin, creo que esa es la verdadera razón del por qué no he podido retomar la tesis, espero superar esta putrefacción emocional en algún momento antes de que comiencen las vacaciones.