Como una nube negra que anuncia una tormenta, pero que no llega, sólo sigue ahí. Todos los días me pregunto por qué pasan cosas que no deberían pasar, por qué suceden tragedias que le rompen el corazón a la gente. Traición, muerte, decepción, amor, nostalgia, esperanza, angustia. Todas esas cosas que no habían pasado en tanto tiempo y que de repente vinieron con la nube negra que ya no provoca llanto, pero que se cuela por los ojos y oídos hasta llegar al corazón.
Y a pesar de todo la vida sigue, los días se van mucho más rápido que antes. Hay sonrisas, una sonrisa que conmueve, una mirada brillante que provoca un dolor dulce que se siente como desesperación y felicidad, una presencia que alienta y que mitiga la sensación de soledad, palabras que desatan risas que alivian el corazón, botellas de vino y cigarros que acompañan las lágrimas que ya no tienen ningún sentido.
Todo sigue ahí, las tragedias que hay que superar, las cosas que no hay que tratar de entender para no caer en el absurdo de la vida, las palabras que hay que decir para evitar hablar de otra cosa, del dolor, de la falta de amor, de la ausencia que vino y que vendrá. La vida sigue y hay que levantarse todos los días por los que no pudieron o no pueden hacerlo.