avril 2008


Algunas veces pienso que ya no hay belleza, otras creo que simplemente nos hemos vuelto insensibles, que ya no somos capaces de conmovernos. En estos momentos creo que es un poco de las dos cosas, creo que la vida es injusta y que si dios existe es autista.

Últimamente me han dado muchos ataques de existencia, ya tenía mucho tiempo que no sentía uno de esos, la verdad es que son horribles, ahora que ha regresado son peores. El primero me dio ayer en la noche mientras estaba sentada en mi cama leyendo el Génesis, me dio justo cuando Dios destierra a Adán y Eva del paraíso, observé la mano derecha que sostenía las hojas y lo primero que hice fue aventarlas y esconder esa mano debajo de mis piernas, miré el cuarto, el piso del cuarto, la silla en frente de la computadora, pensé en el vacío y en lo eterno, quise empezar a llorar, pero me levanté y fui a la recamara de mi madre para que me abrazara… ya estaba dormida; el segundo me dio hoy mientras estaba en clase de Renacimiento, la chica que exponía presentaba diapositivas con esculturas de Donatello, me dio justo cuando puso la de un hombre que parecía un cadáver, esta vez fue más rápido, sólo sentí ese vacío en el estómago que me recorrió todo el cuerpo, y el súbito miedo, abracé el brazo de Karina y después todo volvió a la normalidad.

Hoy, cuando regresaba a casa, me vinieron unas estúpidas ganas de llorar, así, de la nada.

Yo te obligaré a decir la verdad. Te obligaré a enfrentar la realidad que no quieres y te arrastraré hasta que sangres, hasta que llores, hasta que grites que prefieres la vida. Voy a darte el dolor más puro para que sientas que estas viva y no vuelvas a desear morir. Haré evidente la fragilidad de tu espíritu para que construyas un nuevo ser y nunca mas te vuelvas a arrastrar. Te voy a destrozar el pensamiento para romper tus palabras y así obligarte a gritar, a pensar, a escribir. Te mostraré que la vida es una pesadilla que juega con tu fortaleza y te obliga, te arrastra, te humilla, te quita la esperanza para que intentes salvarte, para que siempre pienses en la muerte y así, después, aprendas a vivir.