El día de ayer descubrí que festejar el año nuevo no es tan malo, también descubrí qué es lo que realmente me molesta de la gente que está a mi alrededor. La esperanza que acompaña al año nuevo es algo maravilloso: creer que la vida será mejor, confiar en que lograremos lo que no hemos alcanzado en los últimos años, en cierto sentido, recibir el año nuevo es como abrirse paso a la posibilidad de una nueva vida.

     Para mí, la posibilidad de una nueva vida significa poder ser más organizada con mi trabajo, titularme con una tesis decente, lograr que mi mente supere a mi cuerpo, ir a Europa, poder alejarme de lo que me hace daño, lograr que los fantaasmas que me atormentan en sueños desaparezcan por completo. Sin embargo, en este primer día del año, me encuentro frente a mi escritorio lleno de copias y libros que tengo que leer y con los residuos de uno de esos dolores de cabeza que me impiden pensar en otra cosa que no sea el deseo de extraerme el cerebro para que no me duela más. En fin, ¡feliz año nuevo a todos!