Las mujeres se desangran cada mes y con ese correr de la sangre, regularmente, también corren lágrimas. Es curioso como hay cosas que no dependen de uno, como las hormonas alteran todo, el cuerpo, la cabeza, el ánimo. Quizá ese proceso es necesario para seguir viviendo, quizá constituye toda una renovación que no es perceptible, una limpia que permite que se vayan ciertas cosas que no se pueden sacar. Es necesario aceptar que es una chinga pasar por eso, sobre todo cuando el ánimo de por sí está por los suelos, pero de cualquier forma se agradece poder llorar lo que no se puede llorar de otra forma.

Las lágrimas siempre han sido parte de mi carácter, sin embargo hay cosas que a veces no puedo llorar. Puedo hacerlo por un libro, por una película, por empatía, por amor, por dolor, pero a veces hay grandes dolores que se me acumulan y que no puedo sacar. En los últimos meses he tenido que aprender a despedirme de mi pasado, de mi vida en un lugar seguro en el que alguien me esperaba y tenía siempre una palabra de amor incondicional, de un amigo al que no veía muy seguido pero cuya cercanía me consolaba y me hacía sentir bien, de unos brazos fuertes que me enredaban y me hacían creer que todo estaba bien mientras yo estuviera entre ellos. Al principio todas las despedidas son fuertes, y aunque algunas de ellas no lo son propiamente, la distancia duele, pero sin duda duele más cuando uno sabe que es para siempre.

Construir una vida de nuevo.

Como una nube negra que anuncia una tormenta, pero que no llega, sólo sigue ahí. Todos los días me pregunto por qué pasan cosas que no deberían pasar, por qué suceden tragedias que le rompen el corazón a la gente. Traición, muerte, decepción, amor, nostalgia, esperanza, angustia. Todas esas cosas que no habían pasado en tanto tiempo y que de repente vinieron con la nube negra que ya no provoca llanto, pero que se cuela por los ojos y oídos hasta llegar al corazón.

Y a pesar de todo la vida sigue, los días se van mucho más rápido que antes. Hay sonrisas, una sonrisa que conmueve, una mirada brillante que provoca un dolor dulce que se siente como desesperación y felicidad, una presencia que alienta y que mitiga la sensación de soledad, palabras que desatan risas que alivian el corazón, botellas de vino y cigarros que acompañan las lágrimas que ya no tienen ningún sentido.

Todo sigue ahí, las tragedias que hay que superar, las cosas que no hay que tratar de entender para no caer en el absurdo de la vida, las palabras que hay que decir para evitar hablar de otra cosa, del dolor, de la falta de amor, de la ausencia que vino y que vendrá. La vida sigue y hay que levantarse todos los días por los que no pudieron o no pueden hacerlo.

Hoy regresé a la normalidad de la vida que me había resultado muy pero muy tediosa. Ayer dormí muy poco y hoy me desperté a las cinco de la mañana para escribir un rato (ese es uno de mis propósitos de año nuevo), las expectativas del día no eran nada alentadoras pero aún así puse mi mejor cara al saludar y desear feliz año nuevo a la primera persona que me encontré en la puerta del Instituto, lo curioso fue que el día no me fastidió como antes de salir de vacaciones, la normalidad de siempre me llenó la cabeza con las mismas tonterías del trabajo y aún así la esperanza de que esto no durará toda la vida me hizo sonreír mucho.

Por la tarde me enfrenté de nuevo con los libros que había dejado porque me torturaba no poder concentrarme al leerlos, quizá debido a que había comenzado a pensar que simplemente no tenía caso escribir acerca de alguien que no me parece sublime. Sin embargo, mientras releía a Simone de Beauvoir de pronto algo se volvió a encender dentro de mí y la lectura fue emocionándome poco a poco. De esa emoción surgieron tres ideas en particular que me devolvieron la felicidad y el interés en Sade. La primera consiste en que descubrí que las hemorragias de las víctimas de sus novelas son la metáfora del fluir del lenguaje, es decir, el flujo doloroso e imparable de la sangre es el mismo flujo que experimentaba el escritor al momento de escribir, por eso su estilo a veces se asemeja a la escritura inconsciente de los surréalistas. La segunda tiene que ver con la afirmación de Beauvoir de que  la experiencia erótica de los personajes sadeanos no es física, sino mental, sin embargo, creo que lo que le faltó decir la francesa es que precisamente por eso, el lenguaje es la piedra angular del sadismo puesto que sin él no hay erotismo. La tercera, que quizá es la más aventurada es que el de los personajes sádicos es un placer individual y egoísta puesto que se sabe incapaz de ser compartido, ese mismo placer es semejante a la experiencia estética, puesto que ésta es igualmente única e incomunicable. 

Hoy fue un buen día, uno de esos con esperanza.

Mi personaje tiene treinta años, un trabajo en donde le pagan lo suficiente, una familia, no muy feliz, pero al cabo familia, una pareja amorosa con la que ríe mucho, amigos con los que se reúne de vez en cuando para beber y hablar mucho, un auto viejo pero cuidado, un departamento rentado. Se levanta todos los días y va a trabajar con la felicidad rutinaria de ver los días pasar sin tener problemas graves que resolver, sale con frecuencia al cine o a algún museo, aunque en realidad no conoce nada de arte, le gusta escuchar música, e incluso parece tener buen oído, sin embargo la mayoría de las veces llega a su casa a ver su correo en silencio, o a ver alguna mala noticia que lo deprime y lo incita a cambiar de canal para ver  una mala película.

Mi personaje parece ser feliz, pero lo que sucede con él es que un día, mientras manejaba de regreso a casa,por primera vez se puso a pensar en sí mismo. Cuando llegó se preguntó cómo lo veían los demás, (y en ese momento le dieron unas ganas enormes de leer la mente, y le entró un poco de desesperación), miró la televisión como todos los días y se olvidó de sus pensamientos por un momento, pero al lavarse los dientes antes de dormir, se miró en el espejo y se preguntó a sí mismo lo que pensaba de él, y se sintió humillado frente a su propio juicio. Se dio cuenta de que su vida era tranquila, cómoda, sencilla, pero al final de cuentas, miserable.

¿Qué hizo mi personaje después?

¿Cómo es posible enfermarse de la gripa con infección en el oído, de la tos, de la gripa y de la tos otra vez, en menos de dos meses? Neta que algo anda mal en esto, y lo más feo del asunto es que no me enfermé de nada de eso en todo el año. No me gusta estar enferma, no me gusta moquear y moquear sin fin, ni que me den ganas de meterme la mano para rascarme la garganta, ni tampoco no tener ganas de hacer nada. No me gusta estar enferma en vacaciones porque cuando estoy en el trabajo de menos la enfermedad me salva de un día laboral, así qué chiste tiene.

Hoy estuve a punto de empezar a escribir el segundo capítulo, pero el punto es que no sé cómo empezar. Sé cuales son los puntos a desarrollar, la función seductora del lenguaje y la violencia del proceso de escritura. He pensado mucho en esto y creo que es la mejor parte de la literatura de Sade, a pesar de que sus textos no son nada sublimes, el tipo era un maniático de la lengua, me gusta pensar que estaba obsesionado con el sentido y las cargas emotivas de las palabras. También me gusta pensar que sabía que su materia prima era tan poderosa como para seducir, engañar, crear y destruir. Creo que ahí está todo el meollo del asunto, pero no se cómo empezar a desarrollarlo, estoy frente a la página en blanco y me pasmo y mejor me voy a tomar un té caliente.

Ya en serio, ¿qué pedo con mi sistema inmunológico?

Contrario a lo que algunas personas puedan afirmar, beber es bueno. Y es mejor cuando uno está con amigos que nos conocen desde hace muchos, pero muchos años. La amistad duradera es algo fenomenal, puede haber problemas, rupturas, años de por medio en los que la gente hace su vida y sigue su camino pero siempre está ese momento en el que todos dejan a un lado sus ocupaciones y deciden ir a beber, a compartir lo que han cambiado, lo que han vivido, lo que quieren ser. La amistad es algo muy bueno, algo que permite alejar la soledad, la tristeza y el sufrimiento. Darse cuenta de que el tiempo pasa y se lleva muchas cosas sin tocar otras es grandioso.

La vida hogareña es un poco complicada, todos los quehaceres de la casa, como cocinar, lavar ropa y trastes y recoger le quitan mucho tiempo a una. Y luego, después de comer da un sueño tremendo que no me deja ponerme a leer; total que si duermo una siesta que dure hasta que ya no hay luz de día me despierto toda amodorrada y tampoco me puedo poner a leer. Y luego el ruido de la tele. Y el chiste es que solo pude hacer el plan para el segundo capítulo y leer sin llegar a terminar el libro que me interesa. Chale.

El corazón, como todo músculo del cuerpo humano, se va curtiendo con el tiempo y probablemente también se le van haciendo callos por el uso y los golpes. Creo que eso provoca que las personas se vayan haciendo más y más duras y demuestren mucha más indiferencia conforme pasa el tiempo. De esta forma trato de explicarme el activismo juvenil de mis padres y su indiferencia actual hacia la realidad. Sin embargo también me pregunto si esta indiferencia no será más bien una negación en la que uno cierra los ojos para no ver nada y seguir tratando de ser feliz.

En el caso de las relaciones amorosas sucede la misma situación, llega un momento en que el corazón se vuelve fuerte y ya no provoca lágrimas después de sufrir otro golpe, la capa gruesa que lo cubre hace imposible que se sienta el dolor. Pero también en este caso me pregunto si no es que en lugar de indiferencia, lo que sucede es que uno se niega a ver las cosas porque es más fácil seguir fingiendo ser feliz.

Ta tête, ton geste, ton air
Sont beaux comme un beau paysage ;
Le rire joue en ton visage
Comme un vent frais dans un ciel clair.

Le passant chagrin que tu frôles
Est ébloui par la santé
Qui jaillit comme une clarté
De tes bras et de tes épaules.

Les retentissantes couleurs
Dont tu parsèmes tes toilettes
Jettent dans l’esprit des poètes
L’image d’un ballet de fleurs.

Ces robes folles sont l’emblème
De ton esprit bariolé ;
Folle dont je suis affolé,
Je te hais autant que je t’aime !

Quelquefois dans un beau jardin
Où je traînais mon atonie,
J’ai senti, comme une ironie,
Le soleil déchirer mon sein ;

Et le printemps et la verdure
Ont tant humilié mon coeur,
Que j’ai puni sur une fleur
L’insolence de la Nature.

Ainsi je voudrais, une nuit,
Quand l’heure des voluptés sonne,
Vers les trésors de ta personne,
Comme un lâche, ramper sans bruit,

Pour châtier ta chair joyeuse,
Pour meurtrir ton sein pardonné,
Et faire à ton flanc étonné
Une blessure large et creuse,

Et, vertigineuse douceur !
A travers ces lèvres nouvelles,
Plus éclatantes et plus belles,
T’infuser mon venin, ma soeur !

                                              Beaudelaire, Les fleurs du mal

Llevo dos semanas sin poder escribir, ni leer, ni concentrarme en la tesis. Atribuyó esto a un inesperado cambio en mi rutina diaria de lectura que me hizo perder el camino, sin embargo, empiezo a considerar que también hay un problema con Sade. Debo confesar que su literatura no me parece sublime en lo más mínimo; leer las obras que me encargó mi asesora me resultó pesado y doloroso por varios motivos: en primer lugar por la aburrida repetición de las mismas escenas orgiásticas durante cientos de páginas, en segundo por la violencia enferma ejercida por los personajes, por la exagerada escatología de las perversiones. En definitiva, no es nada placentero pasar tres meses de tu vida al lado de los personajes de este tipo, y debo aclarar que mi asco no proviene de un puritanismo escondido (tendría que estar idiota para ser puritana y hacer mi tesis sobre Sade) no, mi asco proviene de la ligera chispa de realidad que se encuentra en esos escritos repetitivos y carentes de belleza. Encontrar actitudes reales en esas parodias criminales es lo más duro que me ha pasado, descubrir en un texto no la belleza de la vida, sino el horror de ser humano. Todo eso me ha complicado bastante el ánimo, de repente veo partículas sadeanas en las personalidades de la gente que me rodea, en la gente que está en el poder, en mi familia, hay que ser sinceros, esto le da en la madre cualquiera, por lo menos a cualquiera con un corazón de pollo. 

En fin, creo que esa es la verdadera razón del por qué no he podido retomar la tesis, espero superar esta putrefacción emocional en algún momento antes de que comiencen las vacaciones.

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